domingo, 22 de mayo de 2016

Los dones de Borges

Un poema de Borges (incluido en El hacedor) es una verdadera clave para acercarnos a los temas centrales de su poesía. Me refiero a Poema de los dones (1960). Lo cito a continuación y al final agrego unas notas. 


Poema de los dones 
Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía 
me dio a la vez los libros y la noche. 

De esta ciudad de libros hizo dueños
 a unos ojos sin luz, que sólo pueden 
leer en las bibliotecas de los sueños 
los insensatos párrafos que ceden 

las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos, 
arduos como los arduos manuscritos 
que perecieron en Alejandría. 

De hambre y de sed (narra una historia griega) 
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esa alta y honda biblioteca ciega. 

Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías 
brindan los muros, pero inútilmente. 

Lento en mi sombra, la penumbra hueca 
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca. 

Algo, que ciertamente no se nombra 
con la palabra azar, rige estas cosas; 
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra. 

Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado 
los mismos pasos en los mismos días. 

¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra? 
¿Qué importa la palabra que me nombra 
si es indiviso y uno el anatema? 

Groussac o Borges, miro este querido mundo 
que se deforma y que se apaga 
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido. 

No hay que ir muy lejos en la biografía de Borges para establecer a qué se refiere Borges en la primeras líneas. Hacia 1960, Borges había quedado completamente ciego. El poeta, sin duda, alude a esa ironía: ¿qué significa para un “lector” estar privado de la vista? Esta es la ironía, tener un mundo de libros a la mano y estar privado de la vista. Pero los dioses de Borges no lo abandonaron del toda, pues el poeta, cegado y privado de la lectura distinta, ahora citaba de memoria, de memoria, los versos de sus poemas favoritos y no solo citaba poemas sino fragmentos completos de las obras que había leído con pasión, muchos años atrás.



Sabemos igualmente que en esas últimas tres décadas Borges contó con el favor de sus “lectores” (entre ellos María Kodama y Alberto Manguel), que no solo leían sino que seguían las pistas del maestro para seguir husmeando en los textos… en esas décadas de oscuridad, Borges escribir alrededor de 10 libros, cientos de ensayos y prólogos. Le dio la noche es cierto, al quedar privado de la visión, y sin embargo lo privilegió con con esa facultad superior, la de leer en la “biblioteca de los sueños”. 

La referencias a los manuscritos de Alejandría evoca el incendio de la biblioteca fundada por Ptolomeo Psoter en el siglo XXX a. C, que privó a la humanidad de parte del saber de la antigüedad y que albergaba más de 900.000 papiros y que fue incendiada por las tropas romanas en el año 48 a. C. 



El poeta que deambula ciego por los pasillos de una biblioteca (Borges fue director de la Biblioteca de Buenos Aires), por un mundo lleno de libros que no puede leer. De allí la importancia de esa otra referencia al rey griego (Midas), al que Dionisio le otorgo el don (la maldición) de convertir en oro todo lo que tocaba, pero se moría de hambre por la misma razón. 



La quinta estrofa enumera nueve términos que lo nombran todo, que lo incluyen todo… cada una a su moda es una resumen de esa totalidad que Borges ha querido atrapar en sus historias (enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías, símbolos, cosmos y cosmogonías) no son nueves elementos, sino, cada uno, nombres o formas del Universo y de la totalidad. 

Muchos imaginan el Paraíso como un jardín de fuentes y frutos perennes; para Borges -para los lectores- el Paraíso es una biblioteca. Pero el Paraíso está siempre más allá de nuestras posibilidades, por eso el poeta recorre con su “báculo indeciso”. 



¿Quién es ese otro al que alude Borges y que al igual que él recibió los libros y la ceguera? En sus libros Borges rindió homenaje a dos poetas ciegos, que vivieron no obstante entre libros: el primero el poeta inglés John Milton; el segundo, el poeta argentino Leopoldo Lugones. Pero al final del poema, Borges hace explícita la referencia a Paul Groussac, crítico y literato francés que hiciera carrera en Buenos Aires y que fuera igualmente director de la Bibliote y quien quedara ciego en sus últimos años. 

La referencia a Groussac le permite a Borges ratificar ese “horror sagrado”, la idea de no ser único, su tesis del otro y de que antes que nosotros alguien ha pensado, declarado, hecho las mismas cosas. Somos un yo plural y en literatura o en poesía, como dice su famosa cita de Bacon: “… that all novelty is but oblivium” (toda novedad es apenas una forma del olvido).

Una aclaración o tesis sobre la frase “es indiviso y uno el anatema”. Anatema, volviendo a la tradición griega y bíblica se refiere a lo que está apartado, a lo oscuro en el hombre, o a lo que está oculto. Somos en suma uno y muchos al mismo tiempo, plurales e indivisos. Lanzar un anatema es lanzar una sentencia de condena, una orden de excomunión o de sanción. Nuestro nombre es el anatema, lo que nos distingue, nos separa de los otros; pero, como afirma Borges… en últimas qué importa el nombre, si somos al fin y al cabo una sola sombra, ceniza vaga o, mejor, puro sueño, puro olvido, como dice el poema. 

Borges escribió otro poema de los dones, nueve años más tarde (?) en el libro El otro, el mismo. Porque estoy seguro que son más los dones y había tantos que era necesario mencionarlos. Cito el poema y solo les propongo en sus comentarios que elijan cuáles de las referencias de Borges de este segundo poema les llaman la atención en particular. 

Otro poema de los dones 

Gracias quiero dar al divino
Laberinto de los efectos y de las causas
Por la diversidad de las criaturas
Que forman este singular universo,
Por la razón, que no cesará de soñar
un plano del laberinto,
Por el rostro de Elena y la perseverancia de Ulises,
Por el amor, que nos deja ver a los otros
Como los ve la divinidad,
Por el firme diamante y el agua suelta,
Por el álgebra, palacio de precisos cristales,
Por las místicas monedas de Ángel Silesio,
Por Schopenhauer,
Que acaso descifró el universo,
Por el fulgor del fuego
Que ningún ser humano puede mirar sin un asombro antiguo, 
Por la caoba, el cedro y el sándalo,
Por el pan y la sal,
Por el misterio de la rosa
Que prodiga color y que no lo ve,
Por ciertas vísperas y días de 1955,
Por los duros troperos que en la llanura
Arrean los animales y el alba,
Por la mañana en Montevideo,
Por el arte de la amistad,
Por el último día de Sócrates,
Por las palabras que en un crepúsculo se dijeron
De una cruz a otra cruz,
Por aquel sueño del Islam que abarco
Mil noches y una noche,
Por aquel otro sueño del infierno,
De la torre del fuego que purifica
Y de las esferas gloriosas,
Por Swedenborg,
Que conversaba con los ángeles en las calles de Londres, 
Por los ríos secretos e inmemoriales
Que convergen en mí,
Por el idioma que, hace siglos, hablé en Nortumbria,
Por la espada y el arpa de los sajones,
Por el mar, que es un desierto resplandeciente
Y una cifra de cosas que no sabemos
Y un epitafio de los vikings,
Por la música verbal de Inglaterra, 
Por la música verbal de Alemania,
Por el oro, que relumbra en los versos,
Por el épico invierno,
Por el nombre de un libro que no he leído:
Gesta Dei per Francos,
Por Verlaine, inocente como los pájaros,
Por el prisma de cristal y la pesa de bronce,
Por las rayas del tigre,
Por las altas torres de San Francisco y de la isla de Manhattan, 
Por la mañana en Texas,
Por aquel sevillano que redactó la Epístola Moral
Y cuyo nombre, como él hubiera preferido, ignoramos,
Por Séneca y Lucano, de Córdoba,
Que antes del español escribieron
Toda la literatura española,
Por el geométrico y bizarro ajedrez,
Por la tortuga de Zenón y el mapa de Royce,
Por el olor medicinal de los eucaliptos,
Por el lenguaje, que puede simular la sabiduría,
Por el olvido, que anula o modifica el pasado,
Por la costumbre,
Que nos repite y nos confirma como un espejo,
Por la mañana, que nos depara la ilusión de un principio,
Por la noche, su tiniebla y su astronomía.
Por el valor y la felicidad de los otros,
Por la patria, sentida en los jazmines
O en una vieja espada,
Por Whitman y Francisco de Asís, que ya escribieron el poema, 
Por el hecho de que el poema es inagotable
Y se confunde con la suma de las criaturas
Y no llegará jamás al último verso
Y varía según los hombres,
Por Frances Haslam, que pidió perdón a sus hijos
Por morir tan despacio,
Por los minutos que preceden al sueño,
Por el sueño y la muerte,
Esos dos tesoros ocultos,
Por los íntimos dones que no enumero,
Por la música, misteriosa forma del tiempo.  





domingo, 27 de marzo de 2016

Sueño de París: embriaguez, delirio o agonía

Sueño de París o Sueño parisiense es uno de los poemas más significativos de los incluidos en la segunda parte de Las Flores del Mal, titulada Cuadros de París. En el sueño el poeta presencia un paisaje terrible y admirable, pleno de magia, y en donde no aparece ningún elemento vegetal.  Solo aparecen en él tres elementos: el metal, el agua y el mármol.



El mundo descrito por el poeta es su sueño no corresponde a ningún espacio del mundo real, sino al mundo de las obras de arte: el oro de las imágenes, el mármol de los palacios encantados, el agua, los lagos y los mares de las leyendas fantásticas, y que los románticos habían asociaban con los viajes en barcos embriagados de locura; en el sueño abundan los océanos distantes, las piedras mágicas de Oriente, la estatuaria que reproducía en medio de fuentes y cascadas artificiales la mitología antigua y la belleza olvidada.




Se trata de un mundo creado por el sueño, por la fuerza de la voluntad, que no brilla por la existencia de astros, sino que destella por su propia naturaleza en donde la luz deriva de la extraña lucidez perniciosa que producen las obras de arte.




Todo es de una belleza dolorosa. En medio del sueño, se habla de la monotonía embriagante, de murallas metálicas, de estanques dormidos en donde se miran náyades gigantes, de un universo que se extiende por miles de leguas, del hielo absorto, de Ganges taciturnos. Todo apunta a lo bello, a lo grandioso y al mismo tiempo al abatimiento; pese a lo luminoso, el poeta recorre estos mundos silenciosos que se despliegan impávidos ante su mirada. 




¿Qué ve el poeta al terminar el sueño? ¿Qué observa al despertar? El poeta habla del horror de su cuarto, de la inquietud que lo aguijona y del péndulo (de un reloj) que le recuerda que es pleno mediodía. Y sin embargo, el mundo, el real, no el del sueño, sigue sumido en la oscuridad. 



En los cuatro poemas que Baudelaire titula Spleen, en la primera parte de la obra, Baudelaire ofrece cuatro retratos de ese mundo de pesadumbre en donde languidece el alma del poeta. Pero, ¿acaso el mundo del arte ofrece al poeta una salida? ¿Qué revela un poema como este sobre la condición del poeta? ¿Qué otros poemas de Baudelaire ahondan en este mismo sentido? ¿De qué crisis y agonías habla el poeta?


domingo, 22 de noviembre de 2015

Poe: una narrativa al límite

Arthur Gordon Pym lleva en su nombre la clave de su autor, Edgar Allan Poe. Ya en su Filosofía de la Composición, Poe manifestaba su preferencia por el relato breve y por el poema, a los que consideraba básicamente género líricos. En la práctica, Poe se dejo seducir al menos dos veces por los relatos de aventuras extensos y los viajes plenos de peripecias. Sin embargo, incluso en estos casos mantuvo para cada capítulo, para cada escena, para cada una de las peripecias un ritmo que lleva al límite a sus personajes para soportar el horror.






Arthur, ya desde las primeras aventuras precoces en compañía de Augustus, se encuentra al límite de la desesperación; camina siempre al borde la muerte o a punto de caer al abismo. A veces el abismo toma la forma de una pesadilla interminable, surgido del más allá. En otros casos, la pesadilla proviene de la perversión, de la degradación y la violencia que ejercen los humanos.








Aparecida en 1838, esta novela antecede y supera buena parte de las novelas de viajes marinos que serían escritos a lo largo del siglo XIX; pero mientras muchos vieron en las novelas de viajes una oportunidad para crear un héroe que superaba todas las adversidades y representaba los hitos de una civilización, Poe, con una mirada mucho más crítica y compleja de la realidad, creó un personaje que se pierde, que se deshumaniza o es arrasado por la locura.



En la época de Poe, el comercio había extendido las fronteras de caza a los mares del sur, pero de estos mundos lejanos y de sus pueblos solo llegaban noticias dispersas y alucinantes; solo los más atrevidos se enfrentaban a esos viajes temerarios, donde lo único seguro era la locura; solo los más ambiciosos o pervertidos se aventuraban por esos mundos inhóspitos, que se abrían hacia otros tiempos y otras civilizaciones, o hacia universos de locura.




martes, 19 de mayo de 2015

Las lunas de Júpiter: el arte narrativo de Alice Munro

Imaginemos por un segundo a este hombre que va a ser operado del corazón pero que antes de pasar al quirófano le pregunta a su hija si recuerda los nombres de las lunas de Júpiter. Tal vez las amantes de Júpiter, Io, Europa, Ganímedes y Calisto, no estén, en la magnitud del cosmos tan solitarias, tan lejos del amor de su padre, tan distantes de su amante o de sus seres queridos, como la mujer que acompañando a su padre en estos momentos cruciales, hace un balance total de su propia existencia. 





Se trata no solo de ese padre que le revela que el pasado, la infancia de su hija, se le aparece ahora de una manera “borrosa”. Y si al final todo es así, borroso, ¿qué valor tiene entonces la existencia?

Bajo la cercanía de la muerte del padre, esta mujer reflexiona sobre la extraña relación que ha tenido con sus hijas, la distancia que se ha hecho insuperable; sobre el pasado al lado de su marido; sobre su hermana: sobre la manera como cada ser querido ahora ocupa un lugar cada vez más distante en el horizonte.




Cada relato es como una casa, dice Alice Munro, a la que llegan muchos caminos, pero cada camino apunta hacia horizontes y entorno muy diferentes, que me conducen a otros lugares. El narrador  entra en las historias, se sitúa en un punto o en un momento emotivo y se mueve hacia adelante o hacia atrás: hacia el presente, el pasado o incluso el futuro.

Señala Munro que todo gira alrededor de un cierto sentimiento (“feeling”) que da unidad a todo el argumento. “Establezco el tipo de "feeling" que mantengo a lo largo de esa estructura, de esa línea argumental”. A partir de este único punto seguro, se da una reconstrucción que se llena de  detalles, algunos datos fácticos que incluso es necesario confirmar o investigar: llenar de memorias y observaciones, detalles inventados, frases que vuelven a la memoria, recuerdos de la infancia. Todo esto va dando forma y se ajusta a una idea central.

Munro toma muchos elementos de la realidad, pero no para calcar la realidad, sino porque estos detalles se cumplen una función para mostrar una realidad que está allí: pero la historia tiene "su propia realidad". En fin de cuentas la historia final es apenas otra forma de acercarse al fondo de una historia, un intento por captar the feeling. 

La realidad exterior es apenas un punto de partida, un material que apoya la ficción, pero no es una recreación literal. Si se toma un elemento real, muchos siente una especie de insulto; si se cambia se acusa de tergiversación o falsedad.

Como lo señala Munro cada personaje es fruto de un ejercicio de creación, una composición, un fruto de la ficción. Incluso los personajes en primera persona, en donde aparece una escritora en su edad madura, es una creación. 
En el fondo el problema es siempre la realidad, el cambio permanente y la pregunta sobre quiénes somos. Algo realmente difícil. Por eso cada relato de Munro es un rodeo, un atisbo, un paso breve en procura de una respuesta en este sentido. 




El problema no es la magnitud del cosmos sino el sinsentido que parece envolver la existencia. De repente en esta historia tres generaciones pasan como un soplo y al final, como al observar el universo distante, todo resulta “borroso”

No se narra lo evidente, lo obvio: la muerte del padre, el distanciamiento de los hijos. Solo tenemos a la mano como símbolo el silencio de los espacios siderales. La imagen de que todo se da a la fuga. 




lunes, 24 de noviembre de 2014

En cuanto puedas, sé un guardador de rebaños



Dos poemas de C. P. Cavafis, el poeta griego, pueden servir para abrir esta reflexión sobre el papel de una poética que de manera austera no hace alardes estéticos sino que se abre hacia una sabiduría profunda y esencial:


DESEOS
A cuerpos hermosos de muertos que no envejecieron 
y los guardaron, con lágrimas, en un bello mausoleo, 
con rosas a la cabeza y a los pies jazmines -
se asemejan los deseos que pasaron
sin cumplirse; sin merecer una
noche de placer, o una mañana luminosa.


y este otro

EN CUANTO PUEDAS
Y si no puedes hacer tu vida como la quieres, 
en esto esfuérzate al menos
en cuanto puedas: no la envilezcas
en el contacto excesivo con la gente,
en demasiados trajines y conversaciones.
No la envilezcas llevándola,
trayéndola a menudo y exponiéndola
a la torpeza cotidiana
de las compañías y las relaciones,
hasta que llegue a ser pesada como una extraña.

Mas tampoco dejemos de lado lo que dice un poeta como Pessoa, quien desde la voz de uno de sus heterónomos, Alberto Caeiro, el más discreto, el más sosegado y alejado del ruido del mundo contemporáneo, dice: 


SOY UN guardador de rebaños.
El rebaño es mis pensamientos
Y mis pensamientos son todos sensaciones. 
Pienso con los ojos y con los oídos
Y con las manos y los pies
Y con la nariz y la boca.
Pensar una flor es verla y olerla
Y comer un fruto es saberle el sentido.
Por eso cuando en un día de calor 
Me siento triste de gozarlo tanto, 
Y me acuesto en la yerba,
Y cierro los ojos calientes,
Siento todo mi cuerpo acostado en la realidad, 
Sé la verdad y soy feliz.

O en esa hermosa lengua suya:

SOU UM guardador de rebanhos.
O rebanho é os meus pensamentos
E os meus pensamentos são todos sensações. 
Penso com os olhos e com os ouvidos
E com as mãos e os pés
E com o nariz e a boca.
Pensar uma flor é vê-la e cheirá-la
E comer um fruto é saber-lhe o sentido.
Por isso quando num dia de calor 
Me sinto triste de gozá-lo tanto, 
E me deito ao comprido na erva, 
E fecho os olhos quentes,
Sinto todo o meu corpo deitado na realidade, 

Sei a verdade e sou feliz.

martes, 30 de septiembre de 2014

Nada tiene sentido

Nada tiene sentido.

La calidad de la literatura no depende ni del género, ni del tema, ni del tipo de receptores; la originalidad y calidad de una obra de arte estriba en un tipo de verdad y de entrega, que se percibe por igual en las obras clásicas, en la novela adulta o en los relatos juveniles. De este tipo de verdad o revelación nos habla Janne Teller en su epílogo a Nada



Mientras escribía Nada pasé a tener de nuevo catorce años. Pero después me di cuenta de que eso no hacía al libro necesariamente más ingenuo, como había sido mi temor. Sólo tuve que liberarme de todo el equipaje que llevamos como adultos: todas nuestras ideas preconcebidas sobre cómo se supone que tienen que ser las cosas, las decisiones con las que respondemos a (o ponemos a un lado) todas las preguntas sin respuesta de la vida. La gente joven todavía está abierta a las grandes preguntas. Tienen que buscar un sentido a sus vidas como base de las decisiones que van a tomar cuando opten por un camino u otro en la vida. El volver a tener mentalmente catorce años me ha permitido observar los inmensos interrogantes de nuestra existencia con ojos tan abiertos como los de los jóvenes.



Confiesa Teller, al respecto de Nada y su relación con Pierre Anthon, la novela surge como la historia “que hubiese querido leer a los catorce años”. El mundo de los jóvenes -señala Teller- no está libre acciones violentas, de críticas virulentas, de hazañas que ponen en peligro sus vidas o que desafían la moral, las costumbres, los principios, y una postura radical frente a lo inaceptable. 



Nada, la novela de Teller, fue primero rechazada por lo editores que la encontraban peligrosa y perversa; fue luego prohibida en muchas escuelas alemanas, danesas y noruegas; y en la mayoría de los casos vetada por los padres de familia, cuando los maestros decidieron incluirla en los planes de lectura.  Nada, dice su autora, es una novela dura, oscura, que en el fondo esconde una luz de esperanza, que algunos lectores perciben. 




El relato de Teller gira en torno a un juego, a una broma, a una apuesta. Se trata de demostrar a uno de los compañeros que la vida sí tiene sentido. De allí que cada elemento que se agrega a la “montaña de sentido” envuelve una carga simbólica sobre la cual podemos discurrir ampliamente.  Desde luego, afloran varias preguntas: ¿qué significan estos objetos? ¿De qué no desprenderse en el caso nuestro? Lo contrario, ¿de qué desprenderse? ¿De qué se desprenderían nuestros jóvenes? Repito: Nada tiene sentido. 


jueves, 22 de mayo de 2014

Las brujas no son como las pintas


Por Mayra Acuña, Amanda López, Nancy Chaves y Magglioni Guiral 


Roald Dahl, escritor y guionista británico, quien a través de su obra proyecta humor y magia. En sus relatos se abordan temas en donde se cuestiona los estereotipos y esquemas de la familia y la escuela, y lleva a cabo una crítica al mundo que han construido los adultos. En sus novelas y cuentos juega un papel importante el mundo visto desde la mirada crítica de los niños. 


Entre sus obras hay textos infantiles, juveniles y para adultos. Entre ellos se destacan: James y el melocotón gigante (1961), Charlie y la fábrica de chocolate (1964), Charlie y el gran ascensor de cristal (1973), Cuentos en verso para niños perversos (1982), Matilda ( 1988). Cabe mencionar que gran parte de las obras de Roald Dahl, fueron adaptadas al cine magistralmente por el famoso Tim Burton. 





Cómo hablar de lo distintivo en las obras de Roald Dahl, sin mencionar el cuento Las brujas, un antirrelato de las historias clásicas para niños, pues desde el inicio del cuento se aclara  que  “éste no es un cuento de hadas” (Dahl; 2002: 2). Y es cierto, es un cuento realmente diferente, la historia del niño ratón, quien narra sus hazañas, sin jamás mencionar su nombre, ni el de su compañera de aventuras. La abuela será a través de sus palabras que se conocerá a las "brujas de verdad", no las imaginadas con sombreros puntiagudos, trajes negros, grandes calderos y sus constantes paseos en escobas, sino a unas mujeres comunes.  “Viven en casas normales y hacen trabajos normales” (Dahl; 2002: 2), ésto las hace difíciles de identificar, abriendo la puerta a posibilidades tales como la suegra, la vecina, la enfermera, la administradora o la profesora.





Sin embargo, el niño ratón puede verlas sin su disfraz de mujeres normales, ello causa su transformación en ratón, pues no logra  escapar de sus hechizos; que no son como los conocidos, en éstos se mencionan sustancias poco usuales para los seres humanos, aquí se habla de la fórmula 86 Ratonizador de Acción Retardada, la cual está conformada por elementos de uso cotidiano,pero se le da otra finalidad: “Lo único que hay que hacerr si quierres que un niño se vuelva muy pequeño es mirrarrle por un telescopio puesto del rrevés… y lo cocéis hasta que esté blando” (Dahl, 2002: pág. 43). 


Y si se esperaba un… "Y vivieron felices para siempre", este cuento tampoco lo tiene, pues el niño nunca retorna a su forma humano. Sigue viviendo como un niño ratón, incluso el niño prefiere su nueva apariencia  “¿Y qué tiene de maravilloso ser un niño, después de todo? ¿Por qué ha de ser, necesariamente, mejor que ser un ratón? (…) Cuando los ratones se hacen mayores no tienen que ir a la guerra y luchar con otros ratones. Todos los ratones se llevan bien. La gente, no.” (Dahl; 2002: 55)


El protagonista de esta historia no sufre por su hechizo, ni busca cura para cambiar; el niño ratón  decide continuar junto a su abuela en su aventura contra las brujas, porque aunque venció algunas brujas, son muchas las que falta por destruir “¡Pero tienen que desaparecer! —grité—. ¡Seguro que sí! —Me temo que no —dijo (…) —Cuando muere una abeja reina, siempre hay otra reina en la colmena, preparada para tomar su puesto” (Dahl; 2002:94); es decir, este relato no termina allí… 


Debe continuar en cada uno de los lectores de las obras de Roald Dahl, que puede interpretar o cuestionar acerca de: ¿Qué otros elementos se pueden rescatar de la lectura de cuentos como: Matilda, Charlie y la Fábrica de Chocolate? Y  ¿Por qué es importante leer a Roald Dahl en la escuela?